martes, 22 de noviembre de 2005

Entreparéntesis (7)

Guillermo y yo, El Masnou, 2005
Aquella Madrugada

Aquella madrugada
el silencio atmosférico,
los olores tibios y pegadizos de la enfermedad,
toda la noche,
resbalaron por los cristales del alma.

Aquella madrugada
sentí la orfandad de las horas,
la presión del tiempo inexistente
en la boca del estómago
con la dureza de un uppercut.

Aquella madrugada
el héroe de verdad
no sobrevivió,
se fue antes
para no estar solo.

Aquella madrugada
la dimensión de la vida
cobró otro relieve y,
con el héroe,
se fue parte de mi alma.

Aquella madrugada
paralizó un instante eterno,
que vive en mi sustancia,
en el intersticio de cada momento
de una vida muerta.

1 comentario:

Alma dijo...

La poesía en cierto sentido nos ayuda a liberarnos.Conmovedores versos.
Hasta pronto!