Entreparéntesis (30)
que actúan en décimas de segundo
y en momentos de lucidez, pocos;
y os recomiendo que las sepáis aprehender
con diligencia y engullir con gula,
porque pasan y quizás las perdáis
y es difícil que vuelvan como las habéis sentido.
Quiero hablar, por ejemplo,
de lo que ocurre en la cabeza
cuando por la mañana
se sale a la luz del sol,
y se siente en el cuerpo
el cálido abrazo del aire
acariciando cada centímetro de tu piel.
Quiero hablar, por ejemplo,
del olor del jabón de afeitar
cuando lo extiendes por la cara,
y recuperas el sentido del olfato,
y lo haces tuyo y se despierta
al olor del jabón Heno de Pravia
antes de pasar la cuchilla.
Quiero hablar, por ejemplo,
de esa efímera mirada,
que esquiva detectas en aquella persona
al cruzártela por la calle;
esa mirada, de esa persona
que no has visto nunca,
y que te hace sentir que es como tú.
Quiero hablar, por ejemplo,
de esos momentos mágicos
en los que eres capaz de dar las gracias
a los tuyos y a Dios;
por todo lo que tienes,
por todo lo que no tienes
y hasta por todo lo que has perdido.
Quiero traerlo todo a la memoria.
Si todo es demasiado pedir,
entonces sólo una parte.
No, más que eso. Casi todo.
Casi todo, con espacios en blanco
para los recuerdos que falten.
Ordenados para sentirlos otro día; otro día de ensueño.
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