martes, noviembre 22, 2005

Entreparéntesis (7)

Guillermo y yo, El Masnou, 2005
Aquella Madrugada

Aquella madrugada
el silencio atmosférico,
los olores tibios y pegadizos de la enfermedad,
toda la noche,
resbalaron por los cristales del alma.

Aquella madrugada
sentí la orfandad de las horas,
la presión del tiempo inexistente
en la boca del estómago
con la dureza de un uppercut.

Aquella madrugada
el héroe de verdad
no sobrevivió,
se fue antes
para no estar solo.

Aquella madrugada
la dimensión de la vida
cobró otro relieve y,
con el héroe,
se fue parte de mi alma.

Aquella madrugada
paralizó un instante eterno,
que vive en mi sustancia,
en el intersticio de cada momento
de una vida muerta.

viernes, noviembre 18, 2005

Al Margen: Mi pensamiento es liberal.

Bicicletas, Barcelona, 2005

Mi pensamiento es liberal, fundamentado en la igualdad entre todos los ciudadanos. Creo firmemente en el individuo como ser único y diferenciado. No creo en el igualitarismo dependiente del estado. Creo en la lucha vital. Y con todo soy del parecer de la necesaria obligación de igualar a todos los ciudadanos con unos mínimos garantizados, con los servicios que configuran lo que hemos dado en llamar “estado social”. Nos a costado mucho tiempo, esfuerzo y vidas llegar a esos presupuestos que garantizan una seguridad vital igual para todos los que componemos el estado de derecho, social y democrático que nos a tocado vivir. Eso no se puede tirar por la borda. Con todo ello vivo y me esfuerzo por ponerlo en práctica cada día.

Con estas líneas de pensamiento que orientan mi vida y relación, y militando en un partido político, esta semana asistí a una reunión de “
Ciutadans de Catalunya” (Ciudadanos de Cataluña). Ese grupo de personas, 15 de inicio, que tuvieron la osadía de poner sobre papel lo que muchas personas pensamos en Cataluña: ¡Ya está bien de que solo se pueda pensar y decir lo que políticamente se establece como correcto! Ese grupo de intelectuales que antes del verano presentaron un manifiesto de ideas que los unía, que les diferenciaba de lo que está establecido por las corrientes de pensamiento nacionalista.

Éramos una cincuentena los que nos acercamos entre curiosos, expectantes e ilusionados a la convocatoria que previamente se había concertado por teléfono.
Mi primera impresión, quizás equivocada, fue la de que estaba asistiendo a una reunión clandestina, como la de aquellos lejanos tiempos en la universidad. Todo tenía un halo de “ilegalidad” y de utópica ilusión. Cuatro componentes firmantes del
Manifiesto presentaron esquemáticamente las ideas principales motivadoras de esta comunión de personajes. Francesc de Carreras, sintetizando, dio la línea principal de pensamiento: “sabemos claramente lo que nos une, un pensamiento no nacionalista”. Lo que no quedó expresado con claridad fue que filosofía política era la que de aquí en adelante iría solidificando el posible partido político de “Ciutadans de Catalunya”.
Félix Pérez, en varias ocasiones, manifestó que sería un pensamiento de centro-izquierda. No obstante, a las preguntas reiteradas de varios de los asistentes quedó en el aire, en fase de construcción, la base ideológica de la posible oferta a la ciudadanía de Cataluña. Se dejó abierto a la participación.
Creo, no obstante, que sería muy beneficioso para todos que, de la misma forma que se presentó el
Manifiesto, debiera prepararse otro con las líneas generales de pensamiento político que pueda inspirar al no nato partido “Ciutadans de Catalunya”.

Es importante la labor de presentación que están haciendo entre sectores profesionales y en reuniones territoriales. Pero, en el momento actual, se hace imprescindible que presenten un marco político referencial. Y el paso adelante, una vez más, lo ha de dar alguien, en mi opinión, el grupo reducido que produjo y dio a conocer el
Manifiesto. Ese marco debe dar pistas de cómo ofrecer un trabajo político productivo a los ciudadanos de Cataluña.
Por ejemplo, si bien es cierto que la mayoría de los que firmamos el
Manifiesto, podríamos estar de acuerdo en la necesidad de mantener y garantizar un estado social, podríamos diferir en como mantener y ofrecer los servicios derivados del estado social. Si con una titularidad mayoritariamente y obligadamente pública, o por el contrario, y manteniendo y garantizado el servicio público, pudiera ser gestionado por entidades privadas (a mi juicio más productivas y baratas). Es decir unos servicios públicos que garantizando el estado social con una visión más a la izquierda (titularidad pública de la gestión) o con una concepción más liberal (titularidad privada de la gestión).
Este ejemplo puede ser ilustrativo de la necesidad de construir y hacer público ese marco político de referencia. De esa forma, todos sabríamos a que atenernos. Es muy de agradecer esta iniciativa que te hace ver que no estas solo, que ese pensamiento liberal y de actuación hacia los ciudadanos está preocupando a muchos en la Cataluña actual. Cada vez más somos los que nos libramos de ese manto negro de miedo y expresamos nuestro pensamiento libremente, aunque no sea “políticamente correcto”. Aunque no sea nacionalista.


sábado, noviembre 05, 2005

Cuartillas imaginarias. Conversaciones con mi interior (TRES.3)

Bodegon traslúcido, Paseo de Gracia (Barcelona), 2005
TRES.3

Victoria sigue de pié. Lola bate con ritmo los huevos para las tortillas y yo sigo pensando. Sigo caminando por esa fina línea azul que separa la realidad de la imaginación. Lo tangible de lo etéreo.
- Antonio, eh ¿me oyes? –Lola ha dejado de batir y me mira con curiosidad. Con gesto interrogador y apuntándome con el tenedor, sigue – ¿pero es que te has ido a otra parte?
- No, no –contesto sacudiendo la cabeza y volviendo a la mundanal cocina, donde estamos Victoria, Lola y yo –es que me acordaba de un señor que ha venido está tarde a urgencias con su hijo.
- ¿Y? –Lola y Victoria se miran y se encogen de hombros acentuando con el gesto el interrogante.
- Bueno, es una historia larga y, bueno, quizás un poco extraña. No sé si la he acabado de entender.
- No nos tengas en ascuas y explícate –inquiere Victoria.
- Venga, no te hagas de rogar –apoya Lola, que sigue batiendo los huevos para la tortilla.
- Bien, intentaré explicar la historia que deduje de la realidad que vi.
“Alrededor de las cinco y media de la tarde, ha llegado a urgencias un señor de unos cuarenta y pocos años. Vestía un traje azul marino bien cortado, de buena clase, pero bastante ajado por el uso. Se notaba que había vivido tiempos mejores. Detrás, cogido de la mano, iba un niñito de unos cuatro años. Delgado, menudo, con un color de pelo indefinido, con unos ojos inmensos con surcos sucios sobre las mejillas de haber llorado amargamente hacía rato, sin que nadie le hiciera caso. Vestía uniforme escolar. Pantalón corto de color gris y un jersey fino verde oscuro, camisa blanca saliendo el cuello, y calcetines hasta la rodilla también verdes.
Se acercó al mostrador y dirigiéndose a la auxiliar que estaba detrás le espetó:
- Traigo a este niño que no sé que le pasa.
La auxiliar le preguntó con fría cortesía:
- No puede explicarse un poco más.
Ante esta pregunta, que entendió como una agresión personal, soltó al pequeño y gesticulando de forma poseída empezó a gritar:
- Pero se ha pensado que yo tengo que saber lo que le pasa. Lo he traído aquí precisamente por eso. Por que no se qué le pasa. Haga el favor de avisar a un médico inmediatamente y déjese de preguntas estúpidas.
Las personas que estaban en el vestíbulo de urgencias, mamás, papás, abuelitas, abuelitos y otros familiares y amigos con sus niños respectivos a la espera de que le visitasen, se quedaron paralizadas a la vista del suceso.
La auxiliar se quedó petrificada, no supo que contestar. Se levantó y, a paso ligero, se dirigió hacia en interior del primer box de visitas en busca de alguien que pudiera responder a semejante energúmeno.
El señor del traje azul, seguía vociferando y gesticulando como un poseso. Mientras el niñito se había refugiado, sentándose en una silla de la sala de espera, a unos pocos metros. Miraba hacia abajo, como si estuviera contando los piquitos del mármol de las baldosas de terrazo del suelo. Las piernecitas le colgaban de la silla sin llegar a posarse en el suelo. Estaba desmadejado. De color gris. Con el pelo revuelto y los ojos hasta el infinito.
Al poco salí con la auxiliar para enfrentarme con el poseso increpador y maleducado:
- Buenas tardes señor, deje de gritar, si es tan amable, y cuénteme que le ocurre a su hijo.
Al oír mi voz se paro en seco, se dio la vuelta para encararse y con gesto tranquilo, respondió:
- Mi hijo está bien, gracias.
Atónito le respondí señalando al pequeño:
- Entonces qué hace aquí con el niño.
- ¿Se refiere a ese que está ahí sentado? Ese no es mi hijo, a ese lo encontré dentro de mi coche, no sé quién es. No dice ni palabra. Solo se agarró a mi mano y no me ha soltado hasta que hemos entrado aquí.
Conforme iba avanzando en la respuesta, se ponía más nervioso y volvía a levantar la voz y a gesticular.
- Bueno, bueno. Calmase, veremos que se puede hacer –le contesté mirando a la auxiliar con cara de cómplice interrogación.”
- Eh, que chungo –cortó Victoria, avanzando un paso, dejando el quicio de la puerta de la cocina.
- Bueno, espera que es sólo el principio –respondí con tono misterioso.
- ¿De verdad que no era su hijo? –preguntó Lola, girando en redondo a la vez que dejaba resbalar la tortilla a la francesa, recién echa, de la sartén al plato.
- Pues…, eso ya lo veréis. No voy a adelantar nada. Calma. Sigo.

(Continuará)