miércoles, agosto 31, 2005

Cuartillas imaginarias. Conversaciones con mi interior (DOS.1)

Portal, foto blanco y negro coloreada (El Masnou)2005
“Nosotros somos los seres humanos.”
De la película El pequeño gran hombre
DOS
- Mira que siempre igual, mira que llegas a ser tranquilo. La niña va a llegar tarde al colegio, y será por tu culpa –la recriminación de Lola iba dirigida con bala hacia mi.
- Bueno, hasta luego. Venga María, no te quedes pasmada y llama al ascensor.
- Adiós mamá. Un besito. Adiós Guilles –María se despidió con voz melosa, como cada día.
- ¡Venga! Que está la puerta del ascensor abierta –le grité.

Salimos María y yo, a la vorágine de la vida cotidiana, sin habernos encomendado a ningún santo.

- Papá ¿qué hora es?
- Pues…, no te preocupes que hoy cogemos el coche y llegarás a tiempo.

El ascensor acaba de recorres siete pisos, seis ordinales y el entresuelo, y nos ha bajado del séptimo cielo a las entrañas del averno.
No es extraño, en casa estamos bien. Fuera de las cuatro paredes de la casa de uno, es difícil reconocer y reconocerse.

- Buenos días
- Buenas, señor. Adiós rica.
María y yo hemos saludado a la señora que limpia la escalera de la comunidad en la que vivimos. Es triste, pero no sé como se llama y dudo que ella sepa como me llamo yo. Barreras invisibles que separan a los seres humanos, que nos separan hasta hacer que nos veamos pero que no nos sintamos. En fin.

- Venga ¡zumba!
Acera adelante, paso ligero. Un, dos. Un, dos. María va siempre un paso por detrás de mí. Jadea y camina a saltitos para poder seguir mi ritmo.

- Buenos días –saludo al portero de la casa de al lado, que no contesta. Como si no quisiera devolvernos la jaculatoria matinal. Mal presagio.
Al paso y de reojo, me doy cuenta que el pobre no nos ha visto. Lleva unas gafas de culo de vaso y para fijar una imagen en la retina necesita que no pase, sino que se coloque en su punto de mira. Quizás por eso no nos ha saludado. Ojalá.

- Papá, no corras tanto.
- Venga que es tarde y no te hago tarjeta.
(Continuará)

martes, agosto 30, 2005

Cuartillas imaginarias. Conversaciones con mi interior (UNO.3)

Diagonal (Barcelona)1982
UNO.3
- María, quieres hacer el favor de bajar al Don
- Vale
Mi hija va pasillo adelante con el pero, lo lleva a pasear, dicho de otra forma, a mear.

- Mamá.
- ¿Qué?
- Tengo caca.
- Pues ve al lavabo y haz.
Guillermo necesita constantemente aprobación para realizar cualquier cosa normal.
No he llegado a saber si los niños preguntan constantemente para conocer las reglas del juego de la vida, en que para todo -ya veis, has para cagar- se necesita estar debidamente reglamentado, o es que nos chulean constantemente para dilatar por más tiempo su incorporación ha este mundo de locos.

Ring, ring, sonó el timbre del telefonillo de la calle, que contesté inmediatamente, ya que pensé que sería María que subía con Don.
- ¿Quién?
- Soy yo –contestó mi hija con voz imperiosa.
- ¿Cómo es que has estado tampoco tiempo con el perro en la calle?
- Es que tengo caca
- Bueno, pasa –abro la puerta, y pasan ella y el perro con paso acelerado y pena en la mirada.

Al poco, cerramos todas las puertas de las habitaciones que dan al pasillo para dejar al Don en estrecha libertad hasta nuestra vuelta.

- ¿No nos dejamos nada? –se pregunta Lola en voz alta.
- Creo que no
- Pues venga, zumbando.

Pensándolo bien, nos hemos dejado un trocito de mañana de nuestras vidas sin darnos cuenta. La próxima espero no dejarlo perder. Estos momentos y otros como estos son, al cabo del tiempo, los que aprecias y que en su momento no saboreaste.

sábado, agosto 27, 2005

Cuartillas imaginarias. Conversaciones con mi interior (UNO.2)

Hiedrade Atarazanas, foto en blanco negro coloreada(Barcelona)2005

UNO.2
Después de varias recriminaciones estereotipadas a los niños, concluimos el frugal desayuno. O sea, nos desayunamos, que se diría en los ambientes de élite. Y nunca mejor dicho, porque con un cortado o un té como todo alimento, como no se coma uno a sí mismo.

- Venga que hay que hacer las camas –canturreó Lola, y siguió con diversos mandatos laxos.
- Niños a vestirse.
- ¡Guillermo, quieres hacer el favor de vestirte!

En comitiva, como escuadrón perfectamente adiestrado, vamos hacia el dormitorio donde ella había preparado tres montoncitos de ropa.

- María quieres dejar de contemplarte en el espejo y empezar a vestirte –le espetó a la pequeña.
- Venga que se nos está haciendo tarde –siguió.

No se para que se nos hace tarde, pero realmente se nos hace tarde. Vivir en una ciudad, en una gran ciudad, como Barcelona, conlleva el que siempre se haga tarde, aunque no se tenga nada perentorio que hacer.
Se hace tarde para salir de casa, para llegar a casa, para salir a pasear, para comer, para acostarse, se hace tarde…, siempre se hace tarde.
Lo triste de esa prisa impuesta y tan interiorizada, creo que genética, es que se hace tarde para vivir.
No sabemos estar, simplemente estar. Tenemos que acompañar el estar con otra palabra: estar comiendo, estar andando, estar leyendo, estar trabajando. Pero estar, lo que se dice estar, simple y llanamente, no estamos.

En fin, se nos hace tarde. Nos vestimos y estamos preparados para no llegar tarde.
(Continuará)

viernes, agosto 26, 2005

Cuartillas imaginarias. Conversaciones con mi interior (UNO.1)

Jarra, foto en blanco y negro coloreada(El Masnou)2005
“Morir cuesta un instante.
Vivir toda una vida.Convivir una eternidad.”
UNO
- ¡Mamá! ¡Mamá!
Es una voz queda, bajita, minúscula, sin altibajos, casi melodiosa. Con vocación de zumbido de mosca.
Abro un ojo. La luz, al atravesar el filtro de plástico de la persiana de mi habitación, me hiere, me produce escozor. Es una agresión en tránsito, como un puñado de arena sobre mis ojos.
Me doy media vuelta en la cama. Mi mujer ya se ha levantado. La oigo trastear en el cuarto de baño contiguo a la habitación.

Se vuelve a oír el zumbido de mosca convertido en palabras en busca de ayuda materna.
Ella contesta con lasitud, con esa pastosidad que adquiere el ser humano cuando está en duermevela, cuando aún los sentidos no se han tensado. Cuando la vida interior no ha tomado contacto con la realidad cotidiana.
- ¿Qué quieres?
- Tengo pipí.
- Pues levántate y haz.
Siempre que oigo esta contestación, creo que automática, pienso en el Lázaro bíblico.

Empiezo a estirarme, el sentido de la visión ya se ha recobrado de su primera agresión diaria, y puedo ver mi cuerpo desnudo reflejado en las lunas del armario. Se refleja a trocitos, como en un rompecabezas.

- Antonio, que son las diez.
- ¡Voy!
- ¿No se que va a pasar cuando llegue el miércoles y tengamos que llevar a los niños al colegio?

Bajo los pies al suelo. Busco las chancletas y el pantalón corto para aislarme del suelo y de las miradas.

Mi mano derecha busca, con el automatismo adquirido después de la repetición cotidiana de un gesto, el botón de la radio, que descansa su incomprensible realidad, sobre la mesita de noche.

- Plack… Málaga a Cádiz está cordada debido al accidente.
- El avión de Spantax, al salirse de la pista chocó contra un camión.
- ¡Ya es mala suerte, mira que caerle un camión encima! –pienso.

La incompresible realidad de la radio sigue emitiendo el mensaje.

- Parece que de los 308 pasajeros, 200 han resultado ilesos. En siguientes boletines informativos ampliaremos la noticia.
- ¡Ding- dong! ¡Radio Reloj informativos!

Sin haber retirado aún mi mano derecha del botón de la radio y en actitud netamente pensativa, vuelvo a presionar el botón que me aísla del mundo, apagando la incompresible realidad de este invento sonoro.

- Plack
- ¡Empezamos bien! –afirmo, con burla, en voz alta,

Dos palabras que encierran toda una filosofía de vida, que preguntan y afirman al mismo tiempo.

- ¡Todos a desayunar! –es mi mujer que llama al rebaño.

Lentamente, como pidiendo permiso al suelo para pisarle, voy hacia el cuarto de baño.
Me aseo poco a poco, lo justo para terminar de despertarme y tomar conciencia de que además de un alma, tengo un cuerpo.

- ¡Papá! ¿Sales?
- Sí
- Te estamos esperando para empezar a desayunar.

Es mi hija mayor que zumba y ronronea más que yo para ser la última en levantase.
Empiezo a medir mi entorno. Las paredes empiezan a tomar consistencia a mí alrededor.
Los objetos, los cuadros, los muebles salen de mi imaginación para colocarse en sus lugares. Todo tiene su rincón. El gusto, el olfato, el oído, el tacto y la visión han cumplido su cometido. Han establecido sus códigos y empiezo a reconocer: Aquí una puerta, allí un cuadro, arriba una lámpara, abajo -y mirándome con cara de intensa pena, con las orejas estiradas hasta el infinito, y su cuerpo manchado pegándose al suelo- está Don, mi perro.
Mueve la colita, y digo colita, no por cursilería, sino porque, realmente tiene una colita no más larga de 10 centímetros.

- Hola Don –le saludo acariciándole la cabeza.
- CRSTUFGHZ (respuesta del perro)

Me sigue el trayecto entre el cuarto de baño y la cocina, dando vueltas a mí alrededor, sin parar de mirarme, alargando sus ojos hasta el infinito y en actitud de intensa pena.

Entro en la cocina cuando todos estaban sentados: mi mujer, mi hija y mi hijo.

- Buenos días a todos –saludo entre dientes.
- Me lo estoy comiendo todo –comenta Santiago, como conciliándose no se con quién.
- Muy bien – contesto conciliador.

Lola extiende en un platito, el resto de mermelada de melocotón que ayer había preparado.

- Es para los dos –comenta, depositando el plato y dos cucharillas encima de la mesa.
- ¿Tú que quieres, un cortadillo? –me pregunta.
- Si –le contesto mirando fijamente el platito de mermelada de melocotón.

Me siento en un taburete y abro la puerta de la cocina que da a un patio interior.
- Hace calor –afirmo, para que no se cuestione la apertura de la puesta.

Los niños han convertido en juego la degustación de la mermelada y terminan en un batir de cucharillas como en un duelo de espadas.

- ¡Venga ya está bien! Tomaros la leche, María, trae una silla para mamá –les recrimino.
- Es igual. Para desayunar esto –comenta mi mujer, sosteniendo un vaso de porcelana blanco con ribete azul lleno de té.

Mi mujer tiene esa enfermedad imaginaria, tan extendida, de la obesidad, y a períodos le da por no comer, o comer poco. Con sinceridad a mi también me ocurre.
Así es que la neurastenia del adelgazamiento nos ha envuelto en su fino manto de nada.
(Continuará)

lunes, agosto 22, 2005

Cuartillas imaginarias. Conversaciones con mi interior (Cero)

Conchitas, foto blanco y negro coloreada(El Masnou)2005
“La imaginación es la facultad del
espíritu de producir ideas creando
nuevas combinaciones de imágenes”



CERO

Frecuentemente imagino. Me figuro altos, ligeras abstracciones mentales, sutiles pasadas, casi imperceptibles, al observar las diversas representaciones que la vida cotidiana pone a mi alcance. De esa forma creo, más bien invento, situaciones extrañas y se las coloco, como un sombrero multicolor, a la primera persona que tiene la osadía de impactarme.

Así pues, desde que se representa la primera escena diaria, hasta que hago mutis por el foro, recorro un largo camino: Un invento continuo, fraccionado en 86.400 segundos, un juego dividido en 1.440 minutos, una vida en 24 horas.

Existen mil situaciones, mil gestos propios o ajenos que desatan mi fantasía, mi imaginación, mi capacidad de cambiar, de trasmudar la naturaleza de las personas y de las cosas. Y convierto el azul del cielo en añil, en verde o en violeta. Al señor anónimo que va en bicicleta en antiguo conocido. Construyo vidas imaginarias alrededor de personas que han tenido la virtud de impresionar mi soñador magín.

Soy como muchos, como todos. Si algo hay diferente en mí es una sensibilidad despierta, alerta, vigilante, en actitud de caza permanente. Por lo demás soy corriente, yo diría que gris.

Nunca he sobresalido en nada. Pocos me conocen, ni yo mismo. Creo que soy capaz, aunque nunca he demostrado mi capacidad. Soy introvertido, aunque me etiquetan de lo contrario. Soy débil, sensible más bien, aunque muchos juzgan que soy dominador. Mi imagen es fuerte y yo tengo miedo. En definitiva, soy un ser humano raso, sin galones. Estoy en la multitud, en la masa que se suele decir.

Muchas veces sucede que cuando juzgamos –y juzgar es una facultad divina- colocamos etiquetas. Vestimos, peinamos, hacemos sonreír, hablar, actuar al otro, según nuestro punto de vista. Situando a los demás en nuestra acera, en nuestro mundo. Todo lo vemos en “yo”. Pocos lo ven en “tú”. Y menos, aún, en “él”.

En estas cuartillas imaginarias voy a relatar escenas cotidianas que origino después de cambiar la situación real y pasarla a mi acera, a mi mundo. Para ver el “tú”, el “él”, el “vosotros” y el “ellos”.

domingo, agosto 21, 2005

La Espera. Astrolongo, Cuasiterra y el Ser.(8)

Conejitos, tinta china y acuarela(Barcelona)1992

Capítulo 8
El cielo estrellado del cuento ha puesto sus límites. La imaginación ha jugado su baza. El órdago ha sido total. La historia ha terminado y he logrado iniciarla y construirla sin aparatos, sin lentes que distorsionen los persona­jes y las situaciones: su Realidad.
Gracias por penetrar en la fábula.
Fin

sábado, agosto 20, 2005

La Espera. Astrolongo, Cuasiterra y el Ser.(7)

Estación de Francia(Barcelona)2005
Capítulo 7
-Ding, dong.
La escena se congeló. El aviso se difundió por la sala y penetró en mi consciente.
- El Rápido con destino a Barcelona está en vía uno.
Cuasiterra, láctea y móvil, desapareció. La estancia se pobló de sombras y sonidos, esa estancia que fue, en otros momentos, blanca e impoluta. Pero, llegué y estuve, te lo aseguro: Cuasiterra nació en la espera, en mi Espera.
Si me crees, en tu Espera, puede llegar, de nuevo, para ti.
- Ding, dong.

martes, agosto 16, 2005

La Espera. Astrolongo, Cuasiterra y el Ser.(6)

Hellbrum(Salzburgo)2004
Capítulo 6
Al mismo tiempo que se producía esta escena, en la Plaza de los Tras­lados se paralizó toda actividad. Los mercaderes no ofrecían sus artículos. Los juga­dores del Tiempo guardaron, en sus relojes, las horas, minutos y segundos que un instante antes surcaban el aire en mil acrobacias. Las bailarinas del Movimien­to, atónitas, se apiñaban en un intento de salva­guar­dar su vida y sus velos mul­ticolores. Todo era inusual, extraño. La noticia, del esperpen­to desconocido y amenazador, se había difundido instan­táneamente por todo el país. Cuasiterra estaba paralizada. Los cuasi ­seres espera­ban, temerosos, la reacción de Astrolongo III, su monarca, guía y cuidador.
Jamás se había visto, ni sentido, nada semejante. De repente, la efigie inició un lentísimo movimiento, prácticamente imperceptible. La respuesta fue inmediata y uniforme: Todos los cuasi seres, como una sola persona, dieron un paso atrás y giraron sus cabezas hacia la terraza del palacio donde se encon­traba Astrolongo III. El monarca inició un movimiento de aproximación hacia el intruso, deshaciéndose lentamente. Las partículas de Astrolongo parecían negarse a obedecer. El silencio era sepulcral. Astro­longo se situó, componién­do­se, en las proximidades de la Bolsa, al otro extremo de la Plaza de los Tras­la­dos, a una prudencial distancia de la efigie desconocida. Con mirada severa, el monarca, increpó al intruso.
- Te habla Astrolongo III, el Movilísimo, el Excelente Rey de todos los cuasi seres, el Exquisito Monarca del Movimiento, el Majestuoso Rey de los Tras­lados, el Emperador de toda Actividad, en síntesis: El Amo y Señor de todo y todos en Cuasiterra. Te ordeno, teratológico ser, puesto que he apreciado en ti un atisbo de movimiento, que rindas pleitesía y vasallaje a tu Rey, a tu Emperador, a la Movilidad Absoluta, que soy yo.
Los rostros de los cuasi seres esbozaron una débil sonrisa esperanza­da. La orden del monarca había sido inequívoca, el extraño visitante debía obede­cer.
El extraordinario ser inició un movimiento pausado, calmoso, inaprecia­ble, en dirección al monarca. Astrolongo, majestuoso, no inmutó ni un solo átomo de su corporeidad, esperando la reverencia de la colosal e inquietante aparición.
El Ser, lejos de ofrecer pleitesía y vasallaje al rey de los cuasiterre­nos, emitió un sonido ensordecedor que hizo temblar la plaza de los Trasla­dos, los montes, ríos, aldeas, pueblos y ciudades de todo el país. Los cuasi seres se deshacían sin orden ni concierto. Entrelazaban sus partí­cu­las en una maraña incontrolada. Liquidaban sus cuerpos. Gritaban pi­diendo auxilio a su Guía y piedad al Ser.
El movimiento, cualidad por excelencia de los cuasiterrenos, dejó de ser su honra para convertirse en su ignominia. Solo Astrolongo se mantenía inmóvil y sereno: Majestuoso.
Velozmente se trasladó hasta la cavidad por donde el Ser había emitido el espantoso sonido, y, de nuevo, le increpó.
- Te habla Astrolongo III, el Movilísimo, el Excelente Rey de todos los cuasiseres, el Exquisito Monarca del Movimiento, el Majestuoso Rey de los Tras­lados, el Emperador de toda
Actividad, en síntesis: El Amo y Señor de todo y de todos en Cuasiterra. Te ordeno, teratológico ser, puesto que he apreciado en ti un atisbo de movimiento, que rindas pleitesía y vasalla­je a tu Rey, a tu Empera­dor, a la Movilidad Absoluta, que soy yo.
La cavidad, por donde el Ser produjo el estruendo, se cerró. Unos la­gos profundísimos, situados más arriba de una montaña que enmarcaba, con dos cuevas más, el antro ruidoso, movieron sus aguas hacia el monarca. La especie de saté­lite que contenía la sima ruidosa, la montaña horadada y los dos lagos, comenzó a girar con un movimiento imperceptible.
El Ser pareció comprender la orden. Redujo su tamaño a un tercio, doblán­dose por el centro de las dos columnas que lo sostenían. El antro ruido­so no volvió a ensordecer y a amedrentar a los cuasiterrenos. Los lagos profundos movieron sus aguas a derecha e izquierda, arriba y abajo, con un ritmo calmoso y tranquilizador. El monarca de todo lo móvil sonrió, miró a sus súbditos y señalando al estrafalario vasallo, se dirigió, esplen­doroso, a su palacio. Le siguió su fiel fámulo, Turfano, y una larga hilera de miradas de todos los cuasi seres que adoraron a Su Movilidad. Los profundos lagos del Ser emitieron su reconocimiento, siguiendo con su mirada la última del último cuasi ser.
El Ser empezó a reconocer. Empezó a situarse. Comenzó a hacer suyo este mundo maravilloso. Pero, de pronto...

lunes, agosto 15, 2005

La Espera. Astrolongo, Cuasiterra y el Ser.(5)

Tranvía(Budapest)2004
Capítulo 5
M ientras se producía esta breve conversación, la Plaza de los Trasla­dos se había animado extraordinariamente. Mostraban sus artículos los más estrafa­larios mercaderes. Voceaban sus ofertas y precios gesticulando aparatosamente. Se mezclaban las mercancías, las voces y los gestos de los mercaderes con una variada fauna de cuasiterrenos venidos de todos los con­fines del país.
Jugadores del Tiempo exhibían los más arriesgados ejercicios con ho­ras, minutos y segundos, que como antorchas circulaban entre el aire y sus manos.
Bailarinas del Movimiento ejecutaban maravillosas danzas. Entrelaza­ban sus cuasi cuerpos con túnicas multicolores, produciendo en su ir y venir, en su entrechocar cósmico, un efecto mágico: Un traslado atómico con ritmo celestial.
Echadoras de cartas que, en silencioso y venerable rito, señalaban caminos inescrutables en las vidas de los cuasi seres. Chachareaban mil maravi­llas, mil prodigios de riqueza y longevidad para sus consultantes.
-¿Qué es esa forma? ¿Una estatua? ¿Quién la habrá traído? ¿De qué lugar procede? ¿Qué representa? Es enorme, gigantesca y poco grácil. Pero..., parece que se mueve lentamente. ¿La ves Turfano? - recitó sin respi­rar el monarca, que con curiosidad sin límites miraba inquisitoriamen­te.
- No se que deciros, estoy tan sorprendido como vos, Exquisita Movili­dad- respondió Turfano con la boca abierta y sus partículas en ebullición, a la espe­ra del menor gesto de su amo y señor que pudiera interpretarse como orden de traslado de inspección.
- Turfano, ve, inspecciona, regresa e infórmame. No pierdas tiempo. Traslá­date ya.
El exquisito doméstico no se hizo rogar. A cada orden del monarca se des­hacía y componía, hasta que, finalmente, desapareció para cumplir las órdenes recibidas que satisficieran la curiosidad de su amo. Y la suya.
- Su Movilidad Exquisita. Grácil y Magnífico Rey de los Cuasiterre­nos. Es imposible. No vais a creerme. Es impensable – tartamudeaba, descompuesto, Turfa­no, mientras ejecutaba, con movimientos autis­tas, reverencias y besama­nos en búsqueda de la comprensión y protección del monarca - No he logrado entrelazar mis átomos con ese cuerpo monstruoso.
- Reposa. Ordena tu semblante y tus ideas. Da forma a tu cuerpo e infórmame de esa desconocida y temible sensación, mi leal y querido fámulo.
- No se que deciros. Excelentísima Movilidad. Es una estatua deforme, irre­conocible para nuestros sentidos. No se sabe quién le trajo, de dónde proce­de, ni cuál es su materia.
Astrolongo se incorporó, ya no tapizaba el sillón de anea reali­zado espe­cialmente para él. Con semblante y gesto preocupado, miraba fijamente el objeto del desarreglo matutino: El ser causante del desequi­li­brio de su reino.

domingo, agosto 14, 2005

La Espera. Astrolongo, Cuasiterra y el Ser.(4)

Belvedere(Viena)2004
Capítulo 4
En primer plano, frente al palacio real, una construcción civil de enormes proporciones albergaba una especialísima Bolsa de Valores: Era la Bolsa de Movimientos, Traslados, Tráfico, Trans­portes y Comunicaciones. Por sus gran­des ventanales se podía ver una colosal escalinata de color blanco; los agentes de cambio y bolsa se agitaban: Subían y bajaban. Se contorsio­naban desmesu­ra­damente, apareciendo y descomponiéndose en un instante al trasla­darse por la escalera marmórea.
- ¡Que bullicio! Estos mercaderes parecen demostrar, con su cuerpo, la valía de sus acciones y obligaciones ¡Que barbaridad! ¡Que celeridad impri­men a sus movimientos!- comentó Astrolongo; y sin esperar contestación siguió con sus reflexiones en alta voz.
- Fíjate, querido Turfano, allí, a la derecha, se puede divisar, merced a la claridad del día y al escaso tráfico que ahora se produce, la aldea de Los Veloces. Ahora se acerca. ¿La ves?
- Ya lo creo, Alteza Veloz. Parece más grande ahora - contestó Turfa­no, protegiéndose del sol con la mano derecha y señalando con el índice de su mano izquierda - Fijaros bien, Excelentísimo y Móvil Señor, la órbita de Los Veloces coincide hoy con la del monte Transmalano. Produci­rán, cuando se crucen, un espectáculo maravilloso. Quizás explosionen muy cerca de allí - manifestó, seña­lando un extremo de la plaza limitada por el Palacio Real y el edificio de la Bolsa -¿No lo cree usted así, Exquisita Movilidad?
- Así lo creo, Turfano amigo - respondió Astrolongo, metiéndose en la boca una rebana­da de pan, untada en yema de huevo - Espero que, antes de engullir este bocado, podamos recrearnos con este suceso. ¡Zas! Sucedió. ¡Que maravilla! ¿Lo has vis­to, perfecto doméstico?
- Sí Señor, vaya que sí, Profeta de los móviles. El efecto de la luz ha sido, a mi juicio, muy superior al que se produjo, hace tres lunas, cuan­do entrelazaron sus átomos la mar Profunda y la ciudad de Los Translu­za­nos.
- Efectivamente, a mí también me lo ha parecido - asintió el rey de los cuasiterrenos, al tiempo que carraspeaba aparatosamente y lograba deshacer­se de una miga de pan, que de manera irreveren­te se había colado por vía falsa.
-¿Estáis bien, Divino Móvil?
- Ahora sí. Seguro que ha sido un mal cálculo molecular, ya que por un instante, al ver tan maravillosa conjunción atómica, he querido combinarme, yo también, con el monte Transmalano y la aldea de Los Veloces.
Así fue sin duda. El monarca, en un quiero y no quiero, fue y vino al lugar de la explosión molecular, mientras deglutía el pan untado en huevo revuelto. Este vaivén instantáneo descolocó el alimento matutino que pasó del esófago a la tráquea, produciendo el atasco y el susto del egregio mo­narca cua­siterreno. Repuesto de la momentánea hipoxia, atacó con renovado entusiasmo los platos dispuestos para el desayuno.
- Está exquisito. Ciertamente, alimentarse con tino y ­alegría, produce al inicio del día, una mejor disposición para con tus semejantes. ¿No lo crees así? Turfano amigo.
- Así lo creo, Su Movilidad. No obstante, es imprescindible hacerlo, como muy sabiamente ha sentenciado Su Movilidad, con tino, cordura, pruden­cia y tacto. En suma, con juicio- asintió, reveren­ciando el magnífico mayordomo y compaña.

sábado, agosto 13, 2005

La Espera. Astrolongo, Cuasiterra y el Ser.(3)

Catedral(Buda)2004
Capítulo 3
Como he relatado, Cuasiterra era un país singular, y Astro­longo, su monar­ca, no lo era menos.
Le gustaba realizar continuas visitas de cortesía a sus súbditos, y su capital preocupación era velar para que los cuasiterrenos no perdieran su pro­piedad más apreciada: El movi­miento continuo.
- Buenos días Turfano ­- saludó el monarca a su ayuda de cámara que, en ese instante, se afanaba en la compra de alimentos, para su señor, en el otro extre­mo de la capital del reino.
- Extraordinarios días mí Señor - contestó Turfano, ejecutando un saludo reverente de perfecta factura.
Esta breve comunicación se produjo en un vaivén vertiginoso entre el palacio real y el mercado. La circulación atómica de las partículas materia­les de Astro­longo y de Turfano les permitía componer y deshacer sus figuras en ambos lugares prácticamente a la vez. Este trasiego coexistía con millones de tras­lados corpó­reos y materiales de muchos más cuasi seres, montañas, valles, ríos, aldeas y ciudades; produciendo un efecto difuminado de formas y colores, de imágenes permanentemente inacabadas.
En fin, todo era continuo y estático, inacabado y perfecto, sólido y sutil; y todo estaba envuelto en un gris perpetuo y lácteo. Los colores y los materiales eran suavísimos, tenues, delicados, etéreos.
- Su Movilidad, el desayuno estará en un instante - dijo Turfano -¿Le apetecen unos riñones salteados, zumo de piña, huevos revueltos y pan tosta­do?
- Sí, gracias, está perfecto - contestó el llano monarca - Sírvelos en la terraza del sudeste. Así tomaré, también, el suave sol de la mañana con los riñones y los huevos revueltos.
- Sus deseos son órdenes para este humilde servidor de Su Movilidad - reverenció el exquisito ayuda de cámara. Al momento dispuso en un carrito dorado las viandas para que el monarca, veloz y móvil, comenzara el día en condiciones.
- Alteza Veloz, cuando guste - advirtió Turfano, con una llamada reve­rente desde la acristalada terraza.
- Bien, puedes servir los riñones y los huevos revueltos - dijo Astro­longo sonriendo por lo bajo, mientras tapizaba con su cuerpo un magnífico sillón de anea, trenzado especialmente para él en la provincia más septen­trional de Cuasiterra. Desde el transparente mirador se divisaba toda la ciudad de Moviló­nica, capital del reino.

viernes, agosto 12, 2005

La Espera. Astrolongo, Cuasiterra y el Ser.(2)

Invernadero(Barcelona)2005

Capítulo 2
Érase una vez, hace ya muchos años, un rey, Astrolongo, tercero del mismo nombre, su padre y abuelo también se llamaron así, que dirigía, que no mandaba, un pequeño país, Cuasiterra, en unos lejanos mundos, en donde reinaba la felici­dad, la paz y el sosiego.
Cuasiterra tenía una disposición que permitía trasladarse de un confín a otro con sólo proponérselo.
- Me voy a Tranadella - pensó Astrolongo, y ya se encontraba allí. La textu­ra y composición de la materia de los cuasiterrenos les permitía, en compa­ra­ción con seres de otras tierras, ésta y otras maravillas.
Estos cuasi seres se movían por su pequeño país como las partículas de polvo suspendidas en el aire. No he sabido, aún, si Cuasiterra es, en realidad, un territorio pequeño, o es que, debido a esta peculiaridad, resulta realmente minúsculo, inexistente.
La facilidad de traslado se acrecentaba, además, por que la disposi­ción de las montañas, valles, ríos, aldeas, pueblos y ciudades formaban un todo circu­lar. Las montañas, valles, ríos, aldeas y ciudades entrelazaban sus elementos más pequeños, sus átomos materiales, en un movimiento continuo, en un movimien­to browniano. Visto al contraluz, era como un calidoscopio maravi­lloso.
¡Que tierra, que país! Fue maravilloso llegar allí. No se como lle­gué, pero les aseguro que estuve. Llegué y estuve; y la estancia era grande, blanca, impoluta. En la atmósfera de la sala flotaba una mezcla de olores: de recuerdos olfativos. Recuerdos que después, al cabo del tiempo, he desentrañado colocán­do­los en su lugar, en su época y en su espacio: En mí memoria. En fin, pero esto es otra historia. Volvamos al motivo princi­pal, al objeto del cuento: Astrolon­go y Cuasiterra.

martes, agosto 09, 2005

La Espera. Astrolongo, Cuasiterra y el Ser.(1)

Estación de Francia(Barcelona)2005
Capítulo 1
En una enorme sala llena de gente bulliciosa, esperaba pacientemen­te el tren que me llevaría, después de dos días de intenso trabajo en Valen­cia, a Barcelona; allí se encontraba mi casa, mi familia, mi descanso.

- Ding, dong.

Agucé el oído, pero se hizo imposible entender nada. El mensaje que, por la megafonía de la estación, lanzaba a ritmo de vals la locutora de RENFE se perdió, roto en mil pedazos, entre una multitud de frases.

De pronto, las letras que flotaban por millones en el ambiente, se ordenaron formando palabras y frases, que se colgaron como bocadillos de tebeo sobre las cabezas de todos los viajeros. Todo se paralizó y empezó a romperse, a hacerse añicos, convirtiéndose en polvo, en fino polvo blanco.

Las partículas flotaban dejando pasar una tenue luz. Las imágenes habían cambiado. Mi imaginación las había cambiado. Se estaban convirtiendo en otras imágenes, en otra historia.

- Ding, dong - repitieron los altavoces, pero yo estaba en otro mundo, en otras
coordenadas, en otro relato, en otra fábula.

lunes, agosto 08, 2005

La Espera. Astrolongo, Cuasiterra y el Ser.(0)

Pisa(Italia)2004
Preámbulo
Principiar una historia es tarea que entraña, para mí, gran dificul­tad. Es colocar la primera piedra de un edificio de pala­bras, de ideas.

Imaginar, conocer, explicar a uno mismo todos los entresijos de una fábula, todos sus personajes y situaciones es cosa fácil. Pasan ante los ojos de nuestro magín en una mezcla armónica. No tienen principio ni fin. Las ficcio­nes pasaje­ras y accidentales se entrelazan formando una trama coherente, un cuerpo sólido, es­truc­tu­rado. Los personajes hacen y dicen, precisamente, lo propio. Sin una coma de más, ni de menos. Es una explo­sión de sensaciones per­fecta. Es como mirar al cielo y abarcarlo, in­cluirlo en la retina con una simple observación.

La dificultad se presen­ta al pretender la aprehensión con ojos morta­les. Ese ejercicio es y resulta mucho más dificultoso. Requiere de un entrena­miento dia­rio y riguroso, concienzudo en su planteamiento y ejecu­ción. Precisa de instru­mentos ópticos apropiados. Así, para desentrañar el firmamento lejano utilizaremo­s un telescopio; para recrearnos simplemente, nos bastará con los recursos que el ojo nos preste.

De una u otra manera, definiremos un inicio, un punto en donde comenzar el recorrido. A partir de ahí, giraremos la cabeza a derecha e izquierda, hacia delan­te y hacia atrás, para, de esa forma, hacernos con todo el firmamento. Este ejercicio se debe realizar, de igual manera, para mostrar, a otros, todo el cielo estrellado de una historia que, hasta ese momento, era exclusiva­men­te nuestra.

Existen muchas maneras de "contar", estrellas o cuentos. Sin embargo, todas coinciden en una cosa, hay que iniciarlas. El método que después se siga para explorar el firmamento o explayar­ la historia es secundario. Unos eligen utilizar instrumen­tos. Otros prefie­ren trocear el cielo, el cuento, con los ojos limpiamente, sencilla­mente.
Yo prefiero "contar" con los ojos a cielo abierto, ya que no conozco el manejo de aparatos; y, sobre todo, porque la fórmula de principiar sim­plemente a "contar" ha dado, casi siempre, buenos resultados. La Historia lo demuestra.

Por tanto, querido lector, en la Espera inicio el relato, mí relato, quizás un día, esperando, tu relato.

domingo, agosto 07, 2005

Mediterráneo

Atarazanas(Barcelona)2005

Cristalino recipiente,
recolector plateado,
se subliman los colores
al recogerse en tu manto.

Del firmamento el azul,
el amarillo del sol,
en lumínica frescura
coronada de blanco.

Te recoge el horizonte
y las arenas calcáreas,
líquido intersticial
de los pueblos, de los hombres.

Te quiero Mediterráneo
porqué nací de tu arena,
de tu sol,
de tu sal
y de tu espuma.
Te quiero Mediterráneo.

sábado, agosto 06, 2005

A Golpes

Karlovibari(Chequia)2004

Golpes de color,
golpes de luz,
golpes de agua:
Golpes de vida.

A golpes aprendes,
a golpes convives,
a golpes, amas
a golpes,
a golpes…
A golpes, se muere.

viernes, agosto 05, 2005

Te Quiero

Atarazanas(Barcelona)2005

Mil novecientos cuarenta y ocho.
Mil novecientos cuarenta y nueve.
Mil novecientos cincuenta...
¡Cómo resbalan los años!
¿Resbalan?
¡Se graban a fuego!

Pasa tu mano
por mi alma desnuda
y notarás la vida,
paso a paso,
marcada.

Labré muchos surcos
en campo baldío,
pero uno
deja florecer la vida.
¡Te quiero!

jueves, agosto 04, 2005

Amor de Fantasía

Femenino(Barcelona)1980

Azabache,
nardo
y canela
en el blanco
de la almohada.

Albahaca
miel
y romero
en el azul
de tu imagen.

Violeta,
lirio
y jazmín
en el gris
- recortado -
de tu sombra.

Esencias,
color
y aroma
de tu figura
- desnuda -
y de tu alma arropada,

amada

miércoles, agosto 03, 2005

Párvulo

Acuarela(Barcelona)1985

La eme con la a, ma.
La erre con la e, re.
Estoy aprendiendo.
Soy como un párvulo
que se asombra
al adivinarse capaz
de entender.

La pe con la a, pa.
La ele con la e, le.
Como me alegro,
como asimilo,
como empiezo a ver
el horizonte
de mi idioma.

martes, agosto 02, 2005

Imágenes

Violetas en acuarela(Barcelona)1996

Tres ideas de color:
Amarillo,
verde
y oro.
Y sobre el tapete blanco:
Dos manzanas y un limón.

Tres palabras con olor:
Menta,
romero
y tomillo.
Y sobre el tapete blanco:
Dos manzanas y un limón.

Tres sueños de un dios menor:
Nacer,
vivir
y morir.
Y sobre el tapete blanco:
Dos manzanas y un limón.

Tres fantasías de la imaginación:
Dos manzanas
y un limón.
Y sobre el tapete blanco:
La luna,
el aire
y el sol.

lunes, agosto 01, 2005

¡Como te Vivo!

Detrás(Barcelona)1980

Como respiro tu olor.
Como siento tu piel.
¡Como te vivo!

Golpeas como la mar
sobre la roca.
Hasta dejar huella.
Hasta romperme en pedazos.
Hasta convertirme
en arena caliente,
fina,
múltiple.

Como respiro tu olor.
Como siento tu piel.

¡Como te vivo!